Una periodista venezolana y otro brasileño contaron sus limitaciones y hallazgos al investigar programas de construcción de viviendas tanto gubernamentales como privados.
Planes gubernamentales y privados de vivienda que demuestran las limitantes de los periodistas para acceder a la información sobre los mismos y la inequidad en la distribución de los recursos públicos fueron algunos de los hallazgos de las investigaciones presentadas en el panel Desarrollo Urbano del XI Encuentro de Periodismo de Investigación y la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, Colpin.
Lisseth Boon, del medio venezolano RunRun.es, explicó un extenso trabajo de campo basado en la hipótesis de que a las poblaciones beneficiadas no les estaban dando viviendas de calidad. Una situación contraria al objetivo trazado en abril de 2011 por el fallecido expresidente Hugo Chávez de priorizar con su iniciativa la calidad sobre la cantidad de viviendas entregadas a personas vulnerables.
A raíz de los obstáculos para acceder a la información pública de los proyectos, Boon y un equipo de tres reporteros, un infógrafo, un fotógrafo y un videógrafo, levantaron la información de 17.971 viviendas agrupadas en 21 conjuntos residenciales.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que en una muestra ubicada en el centro de Caracas, el 52% de las propiedades no tenía el servicio de recolección de desechos. Además, detectaron que en la construcción no hubo estudios de impacto ambiental, ni de riesgos sísmicos, en resumen, no hubo planificación.
Minha Casa, Minha Vida
Piero Locatelli, periodista independiente de Brasil, relató como descubrió una serie de irregularidades en el programa de vivienda Minha Casa, Minha Vida (Mi Casa, Mi Vida) que se ejecutó con fondos del gobierno y de los trabajadores para facilitar la adquisición de vivienda de personas de bajos recursos. Contrario a Venezuela, Locatelli resaltó que para su investigación contaba con “bastantes datos públicos”.
Los primeros hallazgos de esta investigación arrojaron que muchos de los conjuntos de viviendas se construyeron en tierras de la región del Amazonas, y no en zonas más pobladas como Sao Paulo, donde el costo de la tierra era más alto.
A través de la georreferenciación pudo corroborar que el tipo de construcciones variaba según la región. Mientras en Sao Paulo había conjuntos con un máximo de 800 viviendas, en la zona amazónica estas podían alcanzar las 5.000 por diseños irregulares de las constructoras.
Después de acciones legales de la misma ciudadanía, Locatelli empezó a hallar que los residentes denunciaban problemas estructurales en la construcción. Una situación que no era conocida por otros medios ni la opinión pública.
Locatelli contó que durante la investigación encontró problemas relacionados con la violencia, que involucraban organizaciones de narcotraficantes, pero que debido al enfoque y a los posibles riesgos al que estaban expuestas sus fuentes debió centrarse en los asuntos relacionados con la construcción.
Escasez de agua
Mayela Sánchez, de Global Press Journal, habló sobre su investigación del desarrollo inmobiliario en Ciudad de México. Sánchez se enfocó en la construcción de grandes edificaciones residenciales que han reducido el suministro de agua de las viviendas aledañas.
“Es un problema grave para la ciudad porque la mitad del agua proviene de un acuífero que está sobreexplotado y la otra mitad de zonas externas. Mientras tanto el área metropolitana sigue expandiéndose”, contó Sánchez.
La periodista delimitó su investigación en un caso llamado City Towers, utilizó información pública e hizo trabajo de campo. A través de un mapeo encontró que las casas antiguas eran unifamiliares, de máximo 5 plantas, mientras las nuevas construcciones superaban los 7 pisos.
Sánchez encontró que los trámites legales, como el dictamen de factibilidades, no eran transparentes y había falta de acceso a la información.